“La idea surgió en el 2004 cuando UM se
enteró que el Museo Metropolitano de
Arte de Nueva York  iba a regalar unas
figuras de yeso que tenía guardadas en sus
almacenes”, dice José Grave de Peralta,
instructor de dibujo de la Facultad de
Arquitectura y director de este proyecto.
Varias universidades de Estados Unidos,
entre ellas Notre Dame en Indiana, habían
sido elegidas para recibir parte de esta
colección. La decana de la Facultad de
Arquitectura, Elizabeth Plater-Zyberk,
consiguió que incluyeran a la Universidad
de Miami entre las seleccionadas para esta
donación.
“Ella y el profesor de dibujo Rocco Ceo
viajaron al Metropolitan  para escoger las
19 piezas, que llegaron en enero de este
año, cuando yo me encargué del proyecto
de restauración”, explica Grave de Peralta.
“La idea es regresar a lo que se hacia antes
en las escuelas de arquitectura, tanto aquí
como en Europa, cuando los estudiantes de
arquitectura y pintura aprendían a dibujar
fijándose en estatuas antiguas, como éstas
que son copias de originales”.
El trabajo se hizo en tres partes: la
restauración, la investigación sobre la
historia de cada pieza y finalmente el
montaje. “En la parte de la restauración
trabajaron conmigo Max Zabala, un
estudiante de arquitectura ecuatoriano que
esta terminando su maestría en UM  y
T. Jack Bagby, otro estudiante de postgrado
que en estos momentos esta haciendo un
semestre en Roma. Después Max quedo a
cargo de la instalación y diseño de los
pedestales y montajes de pared, con la
ayuda de Peter Jensen, otro estudiante de
posgrado”, aclara el instructor.
 Una de las razones por las que Zabala se
interesó tanto en este proyecto fue
pensando en su tierra natal. “En Ecuador
hay muchos edificios del siglo XVI y XVII
que tienen elementos de yeso, como
estatuas, frescos y  columnas. Quizás
cuando regrese a mi país en unos años se
me presente algún proyecto que involucre
cierta restauración. Para mí esta
experiencia significó aprender una nueva
técnica que me puede resultar muy útil”.
Según Grave de Peralta, cuando empezó a
hacer la investigación de cada pieza
encontró cosas fascinantes. “Estas figuras
llegaron con una etiqueta que las
identificaba. En algunos casos daban el
nombre del personaje como Ludovico
Sforza y su esposa Beatrice o Francisco I. de
Francia. Pero había otras que solo decían
que eran islámicas o que pertenecían a la
época de tal sultán. Empezamos a ver que
las 19 piezas correspondían a dos grupos
diferentes. Uno era un núcleo europeo que
lo formaba la familia Sforza y el rey
Francisco I. El otro grupo eran frisos
islámicos que mayormente provenían de
Egipto”.
Grave de Peralta y su grupo descubrieron
además una similitud en el tiempo. Las
figuras italianas y francesas eran de fines
del 1400 y principios del 1500 y las
islámicas venían de la época de los sultanes
egipcios (de la dinastía de los Mamelucos)
que vivieron durante todo el siglo XV.
Había un paralelo. “Empezamos a
investigar, además,  donde estaban los
originales de estas piezas, no sólo para
conocer su historia sino el material en que
habían sido hechas. Estas piezas llegaron
ennegrecidas por el hollín, como si fueran
de carbón, por la suciedad de haber estado
guardadas durante tanto tiempo.
Queríamos saber como eran los originales
para poder hacer algo justo a nivel de
restauración”.
 Descubrieron también la relación de Da
Vinci con los Sforza, quienes fueron los
mecenas de La Ultima Cena que pintó
Leonardo en Milán. A la misma vez, el rey
Francisco I había sido el mecenas del gran
pintor durante los últimos anos de su vida
cuando se lo llevo para su corte. “Leonardo
tuvo su impacto en el renacimiento
francés”, afirma Grave de Peralta. “En mi
investigación empezó a surgir una especie
de ‘Da Vinci Code’. Yo creo que siempre
hay una historia detrás de las cosas, con un
principio, un desarrollo y un final. Eso me
llevo a pensar que la parte islámica debía
de tener también su cabeza, su cuerpo y sus
pies”.
Grave de Peralta se propuso conocer ese
mundo islámico del siglo XV que
desconocía. “Cuando alguien menciona a
Egipto generalmente se remonta a la época
de las pirámides y de los faraones, pero se
pasa por alto toda la época medieval
islámica egipcia. Empecé a investigar y
descubrí que los sultanes que gobernaban a
Egipto en el siglo XV, es decir, los
Mamelucos, formaban una dinastía que
hizo muchísimo por su cultura a nivel de
arquitectura, dibujo iluminado, literatura,
ciencia y tecnología, como en Europa se
estaba haciendo en esa época renacentista”.
El instructor de dibujo convertido en
restaurador se dio cuenta que les habían
donado una serie de piezas de un
renacimiento que surgió en ambos
continentes al mismo tiempo. “Inclusive la
peste bubónica impactó tanto a Egipto
como a Europa porque estaban conectados
por el mercado de las especias de esa
época. Egipto era el punto obligado de
parada para los genoveses y los venecianos
que iban a Oriente a buscar especias.
Egipto floreció en esa época y dejo un
legado renacentista a su manera por el
dinero que le entraba a partir de ese
comercio”.
Grave de Perlta enfatiza la comunicación
que existía entre los dos mundos. “Los
sultanes les mandaban a los reyes y duques
de Francia e Italia no solo textos
desconocidos en Europa sino jirafas y
elefantes como regalo”.
Por su parte, Zabala piensa que las piezas
de ambas culturas son muy interesantes,
pero dice preferir las del renacimiento
cristiano.”Una de las piezas en la que más
me esmeré fue la fuente bautismal. Empecé
a buscar su historia, porque no teníamos su
lugar de origen sino solo el artista que la
creó, Jacopo della Quercia (1374-1438).
Gracias a él encontré la fuente, que es de
mármol y se encuentra en el Baptisterio de
Siena, Italia. Nosotros creíamos tener toda
la fuente y resulto que solo teníamos una
pequeña parte de una obra muy grande”.
Zabala entiende que muchas de estas
piezas no solo son útiles sino objetos
preciosos. “Para mi es arte empotrado en la
arquitectura del lugar. Esto para mí es
importante porque la arquitectura
moderna ha llegado al punto en que se
queda con las cuatro paredes desnudas y
un techo, pero yo pienso ahora que una
pared, una columna, un ángulo de apoyo
pueden ser preciosos y a la vez cumplir un
papel utilitario. La arquitectura moderna
se puede llevar a un nivel más bello”.
Grave de Peralta, por otra parte, está
enamorado del proyecto en su totalidad,
no solo del aspecto cristiano, al ver la
unidad que forman ahora todas las piezas
instaladas, aunque hayan llegado de
lugares muy distintos que a veces
estuvieron en guerra. “Estos sultanes
musulmanes surgen en el siglo XIII
justamente cuando las cruzadas y fueron
enemigos de los cristianos muchas veces.
En el siglo XV, por ejemplo, cuando los
cristianos tenían que pasar por Alejandría
tenían que usar una insignia que los
identificara como cristianos, como los nazis
hicieron después con los judíos. Había su
enemistad, pero cuando yo entro en esta
galería lo que veo en estas piezas es
armonía, convivencia”. El restaurador se
refiere a la relación que ve entre un
arabesco abstracto islámico y una hoja de
roble que aparece en un ángulo de apoyo
cristiano. “Ambos están hablando de la
misma cosa, de la belleza de la forma en sí,
de cómo la repetición crea una forma
nueva que puede ser intelectual, estética y
funcional a la misma vez. El arco gótico
cristiano y el arco gótico musulmán, por
ejemplo, son como primos hermanos”. Esa
época de gran intercambio entre los dos
mundos, tanto de guerras como de paz,
engendro la influencia entre ambas
culturas. “No hay que olvidar que el siglo
XV es la época que nos dio  Las mil y una
noches, los cuentos que tanto han influido
a Oriente y a Occidente”.
  A Ludovico Sforza y a su esposa Beatrice
los separó la muerte. “El mandó a esculpir
en su tumba la figura de ella y la de él”,
explica Grave de Peralta. “Nosotros
tenemos aquí las impresiones de esas
esculturas, que a su vez son impresiones de
personas que vivieron un día. La persona
viva esta en la misma relación a su estatua
que la estatua con la impresión de yeso que
podemos ver aquí. Tocar estas impresiones
de yeso es como tocar a las personas reales”.
Curiosamente, la tumba de los Sforza está
en la iglesia de los cartujos de Pavía, en las
afueras de Milán y resulta que una de las
calles más cercanas al edificio donde se
lleva a cabo la exposición aquí en la
Universidad de Miami se llama Pavía. “Es
casi como si los huesos -- en este caso de
yeso -- de estas piezas hayan venido a una
nueva cartuja, a un nuevo mausoleo a
descansar, para que las personas que
quieran ver esa dimensión puedan tocar lo
que puede ser un camino para llegar a los
personajes reales que vivieron cientos de
años atrás”.
Particular de la efigie funebre del Conde
Giangaleazzo Visconti cuyo original est
á
en Pav
ía, Italia. Giangaleazzo era
bisabuelo de Ludovico Il Moro.
José G rave de Peralta, Instructor de
Dibujo de la Facultad de Arquitectura, y
el estudiante de arquitectura, Max
Zabala, con el busto de yeso del Rey
Francisco I de Francia
La Torre Medieval -- antes  y después de
la restauraci
ón de su material de yeso
laminado en oro.
Friso de yeso de un original mameluco
del siglo 16
El pilar de yeso de la fuente bautismal de
Jacobo della Quercia que restaur
ó  el
estudiante de arquitectura, Max Zabala
Vista parcial de la Galeria con la estatua
del rey Francisco I de Francia
El Centro de Arquitectura  Jorge M. Pérez de
la Universidad de Miami, donde se celebrara la
exhibición el 24 de octubre, de 2006

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n una noche otoñal de 1499 el
duque Ludovico Sforza “el Moro”
huyó de Milán para siempre. Antes
de abandonar su amada ciudad,
frente a la inminente invasión
francesa, se detuvo en la iglesia de
Santa Maria delle Grazie ante la
tumba de su joven esposa Beatrice,
quien había muerto dos años antes,
cuando estaba dando a luz a su tercer
hijo. Se despidió de ella reviviéndola
en su imagen funeraria donde
parecía dormida. Parte de esa
historia la guarda ahora celosamente
la Escuela de Arquitectura de la
Universidad de Miami.